noviembre 6, 2020

¿Qué es la inseminación artificial? Tratamientos, información y costos

¿Qué es la inseminación artificial? Tratamientos, información y costos

Por el Comité editorial de IVI Buenos Aires

La inseminación artificial (IAH) es un tratamiento de reproducción asistida en el que se procede induciendo la ovulación, para después introducir una muestra de semen capacitada dentro del útero de la mujer. De esta forma se acorta el viaje hasta las trompas de Falopio, permitiendo que más espermatozoides se acerquen al óvulo y así, aumentar las posibilidades de embarazo.

Cuando hablamos de una muestra ‘capacitada’ significa que ha sido preparada en un laboratorio por medio de la técnica de SWIM UP o SWIM DOWN. Ambas técnicas buscan obtener los espermatozoides con mejor movilidad para la inseminación.

Generalmente es indicada a parejas con buen pronóstico reproductivo, pero que presentan leves dificultades para conseguir el embarazo. El éxito de sus resultados dependerá de la causa de infertilidad de la pareja, pero podemos adelantar que la tasa de embarazo ronda el 20%.

La Inseminación Artificial puede ser una buena opción la mujer joven que presenta alguna alteración en la ovulación. En estos casos, se le realiza la estimulación ovárica previa a la inseminación para aumentar las posibilidades de embarazo. En el caso del factor masculino, es una alternativa cuando el varón presenta problemas para tener una erección o alteraciones en la eyaculación.

Ahora, en cuanto a las tasas de éxito de este tratamiento, es importante mencionar que en IVI las posibilidades de quedar embarazada se incrementan a medida que se sigue intentando. En este sentido, Bárbara Lotti, doctora especialista en Reproducción Asistida de IVI Buenos Aires, explica: “La inseminación artificial tiene una tasa de embarazo de entre el 20% y el 24% por cada ciclo y la tasa acumulativa al repetir el ciclo alcanza su máximo, en general, luego de tres intentos”. Luego de las primeras cuatro inseminaciones, si están bien indicadas, se embaraza aproximadamente el 50% de las pacientes.

Inseminación con semen de donante

La inseminación artificial puede ser homóloga (IAH), es decir, que los espermatozoides provengan de la pareja de la paciente. Sin embargo, cuando la infertilidad se debe a un factor masculino grave, por ejemplo: azoospermia, o cuando la mujer no cuenta con pareja masculina, se puede recurrir a la Inseminación Artificial con semen de donante.

Las muestras provienen de varones de entre 18 y 40 años, que han sido evaluados clínica y psicológicamente para verificar su estado de salud y potencial reproductivo. También se les realiza un estudio de enfermedades infectocontagiosas (hepatitis B, Hepatitis C, HIV y sífilis). Así como análisis genéticos que incluyen prueba de cariotipo y fibrosis quística. Y, por último, se les realiza un seguimiento de 6 meses a un año para garantizar la calidad de la muestra.

En nuestro país no es posible seleccionar el donante. La selección la realiza el equipo médico tomando en cuenta características fenotípicas de la paciente y, en caso de tenerla, su pareja, para que el futuro bebé comparta rasgos con su grupo familiar.

Inseminación artificial: el procedimiento paso a paso

La Inseminación Artificial forma parte de los tratamientos de baja complejidad. No implica extraer los óvulos del cuerpo de la mujer, sino introducir en el útero el semen de la muestra (que debe contener al menos tres millones de espermatozoides por ml) con ayuda de un catéter diseñado para tal fin. Ahora bien, ¿cómo es el procedimiento?

1- Evaluación personalizada: antes que nada, es importante que un especialista en fertilidad evalúe la historia clínica y los antecedentes reproductivos de los pacientes. Esto será complementado con estudios adicionales, que permitan realizar un diagnóstico preciso para indicarles el tratamiento adecuado.

Los estudios necesarios para indicar la inseminación artificial son la histerosalpingografía, la ecografía transvaginal para reconteo folicular y un perfil hormonal de la mujer. En caso de tener pareja masculina, el espermograma y una serología de ambos miembros de la pareja, es decir, estudios de enfermedades infectocontagiosas (hepatitis B, hepatitis C, HIV y sífilis).

2- Estimulación ovárica: es la etapa del proceso necesaria para incrementar las probabilidades de éxito. Naturalmente, las mujeres producen un folículo (un óvulo) por cada ciclo menstrual. El objetivo consiste en controlar el ovario con medicación para asegurar una respuesta adecuada. Se realiza durante 10 o 12 días.

En esta instancia, se realizan ecografías seriadas para verificar que el crecimiento y la evolución de los folículos son apropiados. Es importante un correcto control para evitar la hiperestimulación ovárica. Este síndrome consiste en una respuesta exagerada al tratamiento de inducción de la ovulación.

3- Capacitación seminal: en el laboratorio, se eliminan los espermatozoides muertos, lentos, o inmóviles, para optimizar la muestra que se utilizará en la inseminación.

4- Inseminación: es el día en el que se introducen los espermatozoides preparados en el interior del útero. Se realiza en la consulta, sin sedación ya que es un procedimiento sencillo e indoloro.

5- La betaespera: este es el tiempo que transcurre desde la realización de la técnica hasta que se realiza la prueba para conocer si se logró o no el embarazo. Este período suele tener una duración de 14 días, en función del momento en que haya sido realizada la inseminación.

Para saber si la beta es positiva o negativa, es necesario un análisis de sangre y la revisión de un ginecólogo. El objetivo de este estudio es analizar los valores en sangre de la hormona beta-HCG. Esta hormona es aquella que produce el embrión cuando se encuentra en estado de trofoblasto (grupo de células de los primeros días de desarrollo) y origina posteriormente la placenta. La cifra que refleja la presencia de la HCG irá aumentando exponencialmente hasta alcanzar su máximo nivel durante el segundo mes de embarazo.

En caso de una primera inseminación frustrada, si la ecografía de control es adecuada, se puede realizar un próximo intento en el siguiente ciclo de la mujer. Si luego de los tres o cuatro intentos no se consigue el embarazo, los especialistas recomiendan realizar un tratamiento de alta complejidad. La indicación dependerá del diagnóstico, pero entre otras alternativas, la indicación podría ser una fecundación in vitro (FIV).

¿Es un tratamiento doloroso?

No, es un proceso prácticamente indoloro, que no tarda más de 15 minutos en el consultorio. No es necesario ni el ingreso ni el paso por el quirófano. “El procedimiento de inseminación es sencillo. Luego de que se prepara la muestra de semen, la técnica de inseminación es simple y se hace en la consulta, totalmente ambulatorio y sin anestesia”, indica la doctora Bárbara Lotti.

Una vez realizada la inseminación artificial, la paciente puede realizar sus actividades cotidianas, aunque evitando situaciones que aumenten su temperatura corporal, o la deshidraten. Además, tiene prohibido ingerir bebidas alcohólicas, o medicamentos no prescritos. Finalmente, si la prueba de embarazo es positiva, a la semana debe realizarse una ecografía transvaginal con el fin de visualizar el saco gestacional.

Al ser un tratamiento de baja complejidad, la inseminación no suele traer consecuencias graves para el cuerpo de la mujer. Un embarazo logrado post inseminación no tiene más complicaciones que un embarazo espontáneo, aunque por supuesto, no está exento de riesgos. Entre ellos, podemos destacar el embarazo ectópico, que ocurre si el embrión se implanta en las trompas de Falopio, por ejemplo, en vez de hacerlo en el endometrio uterino.

Los costos de la Inseminación Artificial

En Argentina, la Ley Nacional de Fertilización humana asistida (Ley 26.862), promulgada el 25 de junio de 2013, garantiza el acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción asistida. Esto significa que las Obras Sociales y las prepagas deben cubrir los tratamientos necesarios para lograr el embarazo.

Vale aclarar que tanto las técnicas de baja complejidad como las de alta complejidad están contempladas por esta ley. De acuerdo a lo establecido, las pacientes se pueden realizar un máximo de cuatro tratamientos anuales de baja complejidad y hasta tres tratamientos de reproducción de alta complejidad, con pausas de tres meses entre cada uno.

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